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Investigación
Las hermanas Tostado

De izquierda a derecha las hermanas Felisa y Josefa TostadoUna investigación de Luis Miguel Sánchez Tostado conduce a un descubrimiento sorprendente: su madre no era hija única, siempre tuvo una hermana. Tras numerosas pesquisas consiguió en 2005 que las hermanas se conocieran por vez primera tras 63 años.

Luis Miguel Sánchez Tostado


Durante los últimos años he colaborado con muchas personas empeñadas en saber qué fue de algún ser querido desaparecido en Jaén durante la guerra civil o la posguerra. He participado, con agridulce sabor, al encuentro de los hijos y nietos cuando, venidos de lejos, les indicaba dónde yacían los restos del abuelo desaparecido. En casi todos los casos represaliados por el régimen franquista. Muchas han sido las fuentes indagadas para proporcionar a las familias aquel documento que cierra una historia inconclusa tras demasiados años de silencio.

Con el caso de Francisco Pacheco, 58 años desaparecido, viví una de las experiencias más gratificantes pues, tras penosas indagaciones, no sólo localicé el lugar exacto donde fue muerto, también el lugar preciso donde inhumado (fosa del Tamaral, valle de Alcudia, Ciudad Real). Afortunadamente pude reconstruir la historia previa al desenlace, el modus operandi, la data de la muerte y el móvil (véase la obra La Fosa del Tamaral). Finalmente pudimos exhumar sus exequias que ahora yacen en un nicho de Andújar junto a los de su esposa quien falleció con la esperanza de encontrar a su esposo tras más de medio siglo en “paradero desconocido”. Pero no siempre se obtiene el éxito esperado. En muchas ocasiones no se encuentra la respuesta documental ni testimonial y los ojos se enrojecen cuando los familiares, resignados, comprenden que acabarán sus días sin conocer qué fue del padre o del abuelo desaparecido tras una guerra cruel y una posguerra inmisericorde.

Cierto día, en septiembre de 2004, me hallaba consultando las actas de defunción del registro civil. Hubo un momento, entre el silencio del archivo, sumergido en ese rancio olor a papel en reposo, en el que me asaltaron algunas preguntas. Había ayudado a muchas personas a saber de sus antepasados pero poco o nada sabía de mi propio abuelo Víctor Tostado Arias. Mi abuela (Ana Cano Fernández, “Mamana”, una de las personas más entrañables y queridas que he conocido jamás), en vida, sólo refirió de él que murió en la guerra, que era alto y apuesto, que era guardia de asalto y que tuvo que huir de Jaén con la llegada de los “nacionales”. Poco más. Mi madre, Josefa Tostado Cano, era la hija única nacida de aquella unión, pero no llegó a conocer a su padre porque, al concluir la guerra era un bebé de dos meses. En 13 de abril de 2002 Mamana falleció y tal vez se llevó a la tumba más información de la que en vida nos refirió. El silencio de los difuntos no es mayor que el silencio que en vida guardaron los supervivientes de aquella terrible guerra y de la posterior dictadura militar que cubrió de luto el país. Gestos frecuentes en las personas que vieron y vivieron un horror inolvidable y que hicieron de su paso por aquellos terribles años un tabú prohibido imposible de abordar.”


Victor Tostado AriasAquel día, como digo, abstraído en aquellos pensamientos, abandoné los libros de defunción para buscar el acta de nacimiento de mi propia madre. Nació el 10 de enero de 1939 y fue inscrita por su mismo padre cuya firma quedó estampada en la parte inferior del acta. Supe por ese documento que el abuelo Víctor era natural de Almoharín (Cáceres) un pequeño municipio próximo a la sierra de Montachez (Cáceres). Durante varios días, con la ayuda inestimable de varios funcionarios municipales, consulté el censo municipal y el listín telefónico de Almoharín intentado localizar algún “Tostado” vivo. Averigué que su familia se estableció, años antes de la guerra, en el vecino pueblo de Arroyomolinos (Cáceres). Fue allí donde centré la investigación.

Entre tanto me puse al habla telefónica con Antonio Cano Fernández, único hermano superviviente de mi abuela que reside en Francia desde los años sesenta:

- “Yo conocí a tu abuelo, pertenecía al 76 Compañía, 19 Grupo de Asalto y estuvo destacado en Jaén, en Villargordo y Baza. Tuvo que huir, como mucha gente, cuando los fascistas entraron en Jaén. Al acabar la guerra tu abuela me pidió que escribiera una carta al cura de Arroyomolinos de Montachez para saber de él y nos contestó que había muerto. No supimos nada más.”

Desconocía la fecha exacta de su óbito por lo que se realizó un rastreo entre todas las actas de defunción del registro civil de Arroyomolinos a partir de 1939, puesto que durante la guerra estuvo destinado en Jaén. Al fin encontré el acta. Su lectura me dejó perplejo. Según el registro civil del pueblo Víctor Tostado Arias falleció el 17 de noviembre de 1947 y se encontraba casado con Agustina Cañamero Jiménez añadiendo que “queda una hija de este matrimonio llamada Felisa“. Ni una sola referencia a la hija legalmente inscrita en Jaén. Descubrí entonces Ana Cano Fernándezque mi madre tuvo una hermana llamada Felisa Tostado Cañamero y jamás lo supo. Deduje que aquella carta del cura que citaba el tío Antonio y que daba por muerto a mi abuelo en 1939 debió tratarse de un error, pudiera ser que el sacerdote confundiera a Víctor con alguno de sus hermanos que habían sido asesinados o fusilados precisamente en 1939.

No quise dar la noticia a mi madre hasta conocer algo más. Debía averiguar si aquella niña llamada Felisa murió o aún vivía y seguí indagando. Localicé el acta de nacimiento de Felisa, nació el 25 de agosto de 1942, era, por tanto, dos años y siete meses menor que mi madre. A partir de ese momento mi obsesión fue encontrar a Felisa la cual, de estar con vida tendría 63 años. Hablé infructuosamente con varios ancianos del pueblo. Habían transcurrido demasiados años, fueron muchos los que emigraron en los años cincuenta y sesenta. En el censo municipal de Arroyomolinos localicé la inscripción de una persona con los mismos apellidos de Felisa: Adrian Tostado Cañamero, las últimas noticias lo hacían en Madrid. Conseguí el teléfono de Adrián en el servicio de información de Telefónica y hablé con él. Era un anciano encantador que rompió a llorar cuando hurgué entre sus recuerdos. Me dijo que Felisa era su prima hermana, pero no pudo aportarme más información pues se separaron hacía más de cuarenta años y nunca volvió a saber de ella. Desconocía si vivía o no, sólo estaba seguro de que se marcharon del pueblo. Fue Adrian quien me informó de las penalidades sufridas por la familia Tostado, cómo fueron perseguidos y represaliados durante la posguerra por combatir en el bando republicano.

En pocos días la información fluía abundante y no alcanzaba a comprender cómo en sesenta y tres años nadie se molestó en conocer más. Juan Francisco Tostado Bautista (mi bisabuelo) se casó en Almoharín con Simona Arias Fernández con la que tuvo diez hijos (Vicente, Julián, Víctor, Luisa, Aquilino, Valeriano, Rosalía, Manuela, Dionisia y Francisca). Vicente fue asesinado por un grupo de falangistas a las afueras del pueblo, Julián (padre de Adrián) fue fusilado en un pueblo de Badajoz, Aquilino encarcelado durante muchos años y Valeriano debió huir al exilio. Víctor (mi abuelo) se libró de aquella feroz persecución por dos motivos. En primer lugar porque durante los primeros meses de posguerra (los más crueles) estuvo escondido, y en segundo lugar porque no había cargos contra él porque estuvo ausente de Cáceres durante toda la guerra por haber sido destacado en Jaén.

Tras varias gestiones un vecino de Arroyomolinos llamado Honorio me confirmó que Felisa tuvo cuatro hijos que residían en Granollers (Barcelona), también me facilitó el teléfono de una de sus hijas llamada Marta. Pero la familia Las hermanas Tostado y algunos de sus hijos en el momento de conocerse en la estación de Espeluyde Felisa desconocía esta historia ¿Cómo comunicar esta impactante noticia a personas que desconoces completamente? ¿Cómo se Luis Miguel y Pedro José Sánchez Tostado junto a las hermanas Felisa y Josefatomarían la noticia? Recuerdo la tarde que marqué el teléfono de Marta y de cómo el pulso se me aceleró hasta prácticamente bloquearme:

- ¿Dígame?
- Buenas tardes… ¿es usted hija de Felisa Tostado?
- Si
- ¿Su madre vive?
- Pues sí, ¿pero quien es usted?
- Verá…. su abuelo…. estaba investigando…. verá es que su abuelo también es el mío…. ¿su madre vive en Granollers?... vamos a ver… en la guerra estuvo en Jaén… mi abuela se llamaba Ana…. su abuelo es mi abuelo…. somos primos…
- ¿Cómo dice? Me he perdido completamente.
- Discúlpeme…. es que estoy muy nervioso, empezaré por el principio.

Luis Miguel y Pedro José Sánchez Tostado junto a las hermanas Felisa y JosefaConté a Marta mi descubrimiento y no salía de su asombro. Ese mismo día corrió a contarlo a sus hermanos Marifé, Andrés y José Luis Donoso Tostado, los cuales se reunieron con Felisa para darles la noticia de la mejor manera que supieron. A media tarde sonó mi teléfono. Era Marta.

- Luis Miguel, te paso a mi madre – me dijo con voz nerviosa.

Aquel segundo fue el más largo del mundo. El corazón me latía de tal forma que parecía desbocarse, zafarse de mi pecho para huir de aquella situación tan comprometida. Por fin escuché la voz de la persona que andaba buscando con tanto ahínco. Era Felisa, la hermana de mi madre. Los dos rompimos a llorar e iniciamos una atropellada conversación en la que todo eran preguntas y respuestas. Le dije que no llamara a mi madre hasta el día siguiente, necesitaba tiempo para prepararla. Demasiadas emociones en tan poco tiempo.

Cuando conté a mi madre que tenía una hermana y que había hablado con ella su espíritu fue un clamor, la sorpresa y la contrariedad no restaron ilusión a sus ojos que lloraban de alegría. Reía y lloraba en una extraña miscelánea de sentimientos encontrados difíciles de explicar. No es fácil ubicar en la vida propia a una hermana que nunca existió, admitir sin más a unas personas como próximas cuando son completamente desconocidas. Pese a todo, el deseo de conocerse, de saber la una de la otra, de recuperar el tiempo perdido se impuso a la ansiedad de un descubrimiento tan importante como tardío. No en vano se habían perdido la infancia, la adolescencia, la juventud, los cumpleaños, sus propias bodas, el nacimiento de sus hijos, los buenos momentos y también los menos buenos, esos que sólo se comparten entre las personas más allegadas. Momentos que debían haber compartido juntas, que no merecían haber vivido por separado, pero el destino, caprichoso algunas veces, quiso que crecieran desterradas nada menos que 63 años. Toda una vida.

Finalmente las dos hermanas hablaron, lloraron juntas y prometieron verse muy pronto. Y así fue. El 11 de enero de 2005 Felisa Tostado (junto a su esposo Andrés Donoso y sus hijos Marifé y Andrés) viajaron a Jaén y en la Nuevos primos. De pie: Mercedes, Amancio, Luis Miguel y Pedro. Sentados: Marifé y Andrés Donoso estación de Espeluy las dos hermanas pudieron al fin abrazarse. Aquel encuentro, que duró varios días, sirvió para certificar la calidad humana de esta familia extremeña y para unir unos lazos que nunca debieron quedar sueltos. En Marzo tocó el turno a Marta y a su esposo Emilio. Todos ellos, y nosotros, entre comilonas y bailes, celebramos la fortuna de habernos encontrado.

No es fácil concluir satisfactoriamente una investigación basada en la búsqueda de personas con un intervalo tan amplio de años. Las hermanas Tostado (no dejan de llamarse “hermana”), pese a la distancia que las separa, están dispuestas, no a recuperar el tiempo perdido porque eso es sencillamente imposible, pero sí a sentir en lo sucesivo, pese a la distancia geográfica que les separa, el calor, la complicidad y el cariño de la hermana que siempre desearon tener. El brillo de sus ojos cuando hablan delata que será así.

He incluido este caso entre los resúmenes de mis investigaciones para demostrar cuan larga fue la sombra de la guerra civil. En España hubo cientos de familias rotas, aún quedan miles de hermanos sin conocerse, huérfanos, expósitos, niños de la guerra que crecieron sin conocer su propia realidad, familias exiliadas, padres movilizados, ejecutados, desterrados, mujeres preñadas, destinos inciertos. El ejemplo de las hermanas Tostado nos enseña que es preciso indagar sobre nuestros antepasados desaparecidos en la guerra o en la posguerra inmediata.

Afortunadamente el destino cruel que separó a las hermanas Tostado ha querido ahora regalarles un guiño tras más de sesenta años.
Nunca debemos arrojar la toalla.
  


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